La ciencia del Caos y la Complejidad

La editorial Shackleton Books que publica excelentes y muy recomendables libros de ciencia, filosofía e historia, escritos por investigadores, profesores y especialistas en cada materia. con un estilo divulgativo accesible para todos los públicos, ha publicado un libro sobre el caos y la complejidad muy interesante y totalmente recomendable:

Créditos: Editorial Shackleton Books 

Escrito por el Físico y divulgador científico Sergio de Régules, La ciencia del caos y la complejidad, explica todo un mundo de fenómenos naturales que no sigue el modelo determinista. El caos en el sentido físico y matemático (el caos determinista) no es un desorden total ni se debe a la ausencia de reglas. Más bien al contrario, lo interesante del caos determinista es que
puede apreciarse en los caprichos de la meteorología, las sorpresas de la economía mundial y las variaciones de los ritmos del organismo. Se trata de un desorden ordenado, un determinismo disfrazado de azar que ha dado pie al
surgimiento de la ciencia de la complejidad. En este libro, el físico Sergio de Régules nos muestra un catálogo comentado, a través de muchos e interesantes ejemplos, de los sucesos más importantes y los conceptos
relacionados con el caos.

En el Universo también hay caos y complejidad, desde lo más pequeño hasta lo más grande nos parece todo muy poco ordenado, como caótico, pero en la inmensidad de la lejanía del cosmos el Universo parece que sigue un orden determinado, este anterior libre aunque no hable en sí del Universo, sí habla de nuestro universo más cercano y nos viene a decir que en el caos y la complejidad está el orden. Nosotros ya lo hemos leído y nos parece espectacular, y totalmente recomendable:

Para más información:

Editorial Shackleton Books

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Misión Lucy: viaje para explorar los asteroides troyanos

Actualmente la NASA tiene en desarrollo una misión que será lanzada en 2021 para estudiar los asteroides cercanos al planeta Júpiter. Estos son los llamados asteroides Troyanos de Júpiter, la misión se llama Lucy.

Lucy será la primera misión espacial en explorar los asteroides troyanos. Se trata de una población de cuerpos pequeños que quedaron atrapados en los llamados puntos de Lagrange tras de la formación del sistema solar. Conducen o siguen a Júpiter en su órbita alrededor del Sol, y pueden contarnos mucho sobre los orígenes de los materiales orgánicos en la Tierra.

Lucy volará y llevará a cabo la teledetección en seis asteroides troyanos diferentes y estudiará la geología de la superficie, el color y la composición, el interior de los asteroides, y observará los satélites y los anillos de los troyanos. La misión nos ayudará a descubrir los secretos de la historia de nuestro sistema solar

Más sobre la misión Lucy: https://www.nasa.gov/lucy

¿Qué son los asteroides troyanos de Júpiter?

Un asteroide troyano es aquel que comparte su órbita con un planeta o luna más grande, orbitando entorno a los puntos de lagrange estables L4 y L5 como ya vimos en la entrada dedicada a los puntos de Lagrange.

Captura

El término ‘asteroide troyano’ fue acuñado cuando se decidió nombrar a todos los asteroides descubiertos en los puntos de Júpiter L4 y L5 como los guerreros de la guerra de Troya, (punto L4) griegos y (punto L5) troyanos, respectivamente.

En la actualidad se conocen cientos de estos asteroides, siendo los más grandes el asteroide troyano (588)Aquiles, de 137km de diámetro, y el asteroide griego  (624)Héctor de 300 km. El primer asteroide que se descubrió en un punto de Lagrange fue (588)Aquiles en 1906 por Max Wolf, con su observación se confirmó la existencia de los puntos de Lagrange. A partir de ahí fueron cientos los cuerpos encontrados en esas zonas estables, estos objetos siguen órbitas entorno a L4 y  L5 de periodos de unos 150 años.

Investigaciones de los astrofísicos David C. Jewit,Chadwick y A. Trujillo (InstituteforAstronomy, UniversityofHawaii) año 2000, han demostrado que estas órbitas se desestabilizan debido a colisiones entre asteroides y al caos dinámico de la población de asteroides. Pero el origen de los troyanos es objeto de muchas conjeturas, las hipótesis más aceptadas en la actualidad son la captura por parte de Júpiter de planetesimales en la etapa temprana de la nebulosas solar. Estos se estabilizaron en torno a los puntos L4 y L5 de Júpiter debido a la masa creciente del planeta en sus ultimas etapas de crecimiento. Se produjo una disminución de colisiones de planetesimasles, y seguidamente hubo una captura de fragmentos de asteroides, provenientes seguramente de lo que hoy es el cinturón principal de asteroides.

Muchos de estos se formaron cerca de Júpiter, con lo que las temperaturas en su formación eran extremadamente bajas llevando este hecho  a la hipótesis de que el núcleo de estos asteroides puede ser de hielo, equivalente a lo que sería un núcleo cometario. Los asteroides troyanos tienen un albedo muy bajo, aproximadamente del 4% (0.04), lo que sugiere una superficie de carbonizada, es decir muy oscura.

El hombre que fue Marte

Por Luciano Andrés Valencia

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Imagen de Percival Lowell

   “En los últimos años del siglo diecinueve nadie habría creído que los asuntos humanos eran observados aguda y atentamente por inteligencias más desarrolladas que la del hombre y, sin embargo, tan mortales como él; que mientras los hombres se ocupaban de sus cosas eran estudiados quizá tan a fondo como el sabio estudia a través del microscopio las pasajeras criaturas que se agitan y multiplican en una gota de agua. Con infinita complacencia, la raza humana continuaba sus ocupaciones sobre este globo, abrigando la ilusión de su superioridad sobre la materia. Es muy posible que los infusorios que se hallan bajo el microscopio hagan lo mismo. Nadie supuso que los mundos más viejos del espacio fueran fuentes de peligro para nosotros, o si pensó en ellos, fue sólo para desechar como imposible o improbable la idea de que pudieran estar habitados[1].

   Con estas palabras comienza el Libro Primero (“La Llegada de los Marcianos”) de La Guerra de los Mundos (The War of the Worlds, 1896) de Herbert G. Wells. Por entonces, Marte fascinaba al público debido a las observaciones que el astrónomo e historiador de la ciencia italiano Giovanni Schiaparelli había realizado durante la gran oposición de 1877. Este creyó vislumbrar sobre la superficie del planeta una densa red de las estructuras lineales que llamó canali. La errónea traducción al inglés de esta palabra como canals, que hace referencia a construcciones artificiales, en lugar de channels, que indica formas naturales del terreno, dio lugar a una oleada de hipótesis y especulaciones sobre la posibilidad de vida inteligente en Marte.

   El mismo Schiaparelli escribió que: “más que verdaderos canales, de la forma para nosotros más familiar, debemos imaginar depresiones del suelo no muy profundas, extendiéndose en dirección rectilínea por miles de kilómetros, con un ancho de 100, 200 kilómetros o más. Ya he señalado una vez más que, de no existir lluvia en Marte, estos canales son probablemente el principal mecanismo mediante el cual el agua (y con él la vida orgánica) puede extenderse sobre la superficie seca del planeta[2].

   En 1892, cuándo su vista fallaba, Schiaparelli anunció que se retiraba de la observación de Marte. Fue entonces cuando el diplomático y astrónomo aficionado estadounidense Percival Lowell decidió tomar su lugar.

Nacido el 13 de marzo de 1855 en el seno de una familia adinerada de Boston (Massachusetts), era hermano de Abbott Lawrence Lowell, que llegó a presidir la Universidad de Harvard, y de Amy Lowell,  poeta y crítica literaria. Desde joven, Percival mostró gran talento para las ciencias, así como un espíritu aventurero. Tras graduarse con distinciones en Matemáticas en la Universidad de Harvard en 1876, rechazó un cargo como profesor y partió a un viaje por Europa y Medio Oriente. Estuvo a punto de ser enviado al frente de batalla en las guerras balcánicas. De regreso a los Estados Unidos, se dedicó al negocio textil de su familia por un tiempo. Por ese entonces comenzó a interesarse por la cultura japonesa y en 1883 se mudó a Tokyo para estudiar japonés.

   Gracias a sus contactos familiares, obtuvo el cargo de consejero y secretario exterior de la Misión Especial de los Estados Unidos en la península coreana, que por entonces se hallaba bajo ocupación militar del Imperio del Sol Naciente. Cumplió funciones diplomáticas entre 1883 y 1893, publicando durante ese tiempo numerosos libros sobre las culturas orientales: Chosön (1886), The Soul of the Far East (1888), Noto (1891) y Occult Japan (1895)[3].

   Sus biógrafos señalan que por ese entonces habría nacido su interés por la astronomía, acaso desencadenada por la lectura de Le Planete Mars de Camille Flammarion, que le regalaron durante su regreso a los Estados Unidos para la Navidad de 1893. El puesto que Schiaparelli había dejado cuando se retiró todavía estaba vacante y la siguiente oposición marciana se produciría en octubre de 1894, por lo que Lowell debía actuar rápido.

   Inmediatamente entró en contacto con William H. Pickering, un astrónomo igualmente interesado en el planeta rojo, que había fracasado en sus intentos de obtener financiamiento de la Universidad de Harvard. Lowell decidió ayudarlo, ya que el disponía de la fortuna familiar. Juntos realizaron una expedición a Arizona, en busca de un lugar que no estuviera perturbado por las nubes, las turbulencias atmosféricas y las luces de las ciudades. A ellos se sumó el ayudante de Pickering durante su estancia en Arequipa (Perú), el joven Andrew Ellicott Douglass. El equipo llevó consigo tres refractores, un 15-cm para efectuar pruebas sobre las condiciones atmosféricas, un 30-cm y un 46-cm. El encargado de las labores de búsqueda y evaluación del emplazamiento del Observatorio fue Douglass. Tras recorrer diversas regiones del sur y norte de Arizona, Douglass llegó al poblado Flagstaff. Sus pruebas sólo dieron resultados marginalmente mejores que en las localizaciones anteriores, sin embargo Lowell decidió que ese sería el lugar elegido por hallarse a 2100 mts sobre el nivel del mar y tener las vías del ferrocarril relativamente cercanas.

   Entre el 4 de mayo de 1894 y el 3 de abril de 1895 realizaron numerosas observaciones de la superficie marciana.   El astrónomo Carl Sagan señala las dificultades que se encuentran quienes realizan observaciones del vecino planeta desde la superficie terrestre: “con frecuencia la visión es pobre y la imagen de Marte se hace borrosa y distorsionada. Entonces uno debe ignorar lo que ha visto[4]. Lowell no siguió este principio y anotaba, sin ignorar nada, todo lo que creía ver: zonas brillantes y oscuras, un indicio de casquete polar y numerosos canales que incentivaban su imaginación. El primero fue “detectado” el 7 de junio de 1894 y lo llamó Lethes, como uno de los ríos del Tártaro en las mitologías griegas y romanas. A lo largo de las observaciones creyeron ver numerosos canales que cumplían una serie de características: era de una anchura de 50 kms, con extensiones de 1600 y 2400 kms, muchos de ellos parecían ser dobles, y confluían en dos o tres puntos específicos[5].

   Lowell llegó a la conclusión de que Marte estaba habitado por una antigua civilización que había construido una red de acequias que transportaban agua desde los casquetes polares hasta las ciudades del Ecuador. Creyó además que los cambios estacionales de las zonas oscuras verde-azuladas que parecían desaparecer  o cambiar a ocre-anaranjado en determinadas épocas del año eran el resultado del desarrollo y marchitamiento de la vegetación marciana.

Has Science Just Admitted Planet X/Nibiru Exists? Believers Say Full ‘Nibiru Disclosure’ Is ...
Percival Lowell en su Observatorio. Fotografía de 1900.

Para Lowell, Marte tenía una geografía desierta similar al sudoeste de los Estados Unidos, donde estaba instalado su telescopio, y con un clima frío, pero soportable, similar al del sur de Inglaterra. El aire estaba enrarecido y el oxígeno era escaso. Quizá los habitantes vivían en ciudades cerradas para evitar la fuga de oxígeno, con grandes obras que les proveían de agua y alimentación. En su obra Mars, de 1895, escribiría: “los resultados de nuestra investigación parecen indicar la existencia de vida inteligente en Marte”[6].

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La temperatura media de la Tierra sigue PREOCUPANTEMENTE en aumento

Las temperaturas de la superficie global de la Tierra en 2019 ocuparon el segundo año más cálido desde el año 1880, según los últimos análisis realizados por la NASA y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). La temperatura media global fue más de 2 °C más cálida que a finales del siglo XIX.

Se han tomado mediciones de temperatura en miles de estaciones meteorológicas, barcos y boyas oceánicas en todo el mundo. Mostrando un patrón a largo plazo de aumento de la temperatura muy considerable.

Créditos: NASA/NOAA

La temperatura global de la Tierra es un promedio, es decir que no todos los lugares de la Tierra tuvieron el año más cálido. Por ejemplo, los Estados Unidos tuvieron un octubre muy frío, pero Alaska estableció récords de altas temperaturas. Así como otros lugares de la Tierra donde se ven a esos extremos de temperatura, pero sí vamos viendo año a año las variaciones de la temperatura global vemos que sube de una manera muy clara.

Esta tendencia al calentamiento durante décadas es el resultado del aumento de los gases de efecto invernadero en la atmósfera, liberados por las actividades humanas.

La variación de la temperatura desde que se tienen registros puede verse en el siguiente vídeo de NASA:

Las temperaturas de la superficie global de la Tierra en 2019 ocuparon el segundo lugar más cálido desde 1880, según análisis de la NASA y de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).

Los efectos del aumento de las temperaturas se sienten en todo el mundo de manera considerable. Grandes e intensos incendios ardieron en Alaska, Siberia, Brasil y en Australia. Así como fenómenos meteorológicos muy adversos y fuertes en todo el planeta, como por ejemplo el huracán Dorian.

Créditos: NASA/ESA

Para saber más:

-NOAA’s Global Report se puede descargar desde: https://www.ncdc.noaa.gov/sotc/global/201913

Radiación en la superficie de la Tierra

Los aerosoles atmosféricos

La Ciencia de la ciencia Ficción

La editorial Shackleton Books que publica excelentes libros de ciencia, filosofía e historia, escritos por investigadores, profesores y especialistas en cada materia con un estilo divulgativo accesible para todos los públicos, ha publicado un libro muy interesante y ameno:

«La Ciencia de la Ciencia Ficción» escrito por los Físicos Jordi José Pont y Manuel Moreno Lupiáñez. «Se trata de un apasionante ejercicio de erudición literaria, cinematográfica y científica. En un famoso episodio de la no menos célebre Star Trek asistimos a una inusual partida de póker entre el androide Data y los hologramas de Albert Einstein, Isaac Newton y Stephen Hawking, el único que, por razones obvias, pudo interpretarse a sí mismo. Como en el capítulo de la serie, en este libro también comparten protagonismo ilustres científicos junto con personajes tan peculiares como Darth Vader, E.T., Spiderman o Godzilla.«

Créditos: Editorial Shackleton Books

Habla de por ejemplo de películas impresionantes como Star Wars e Interestellar, de las que también hemos hablamos en el blog en la entrada Universo Star Wars o los planetas del mundo Star Wars ,y la entrada sobre la impresionante película Interestellar. Hace referencia también a errores de la gravedad, super héroes, alienígenas y viajes espaciales… todo desde un punto de vista científico. Todo lo podéis ver en el siguiente índice del libro:

Créditos: Editorial Shackleton Books

Para más información:

Editorial Shackleton Books

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