La pregunta sobre si existen los extraterrestres no es solo una curiosidad científica: es una de las cuestiones más profundas que la humanidad puede plantearse. Durante siglos fue territorio de la filosofía y la imaginación; hoy pertenece también al método científico. Y cuanto más sabemos del universo, más difícil resulta sostener la idea de que la vida sea un fenómeno exclusivo de la Tierra. Esta es una de esas preguntas que no se responden con un sí o un no, sino con probabilidades, contextos y evidencias indirectas. Porque todavía no hemos encontrado vida fuera de nuestro planeta… pero todo apunta a que el universo reúne las condiciones para que exista en innumerables lugares.

Y quizá el detalle más fascinante de todos no está en una estrella lejana, ni en un planeta desconocido, sino en algo que respiramos cada día: el famoso 21 % de oxígeno de la atmósfera terrestre.
Para entender la probabilidad de vida extraterrestre debemos empezar por lo esencial: la vida no es un fenómeno mágico. Es química compleja organizada bajo ciertas condiciones físicas. Y esas condiciones no son exclusivas de la Tierra. Sabemos que el universo está lleno de los elementos necesarios para la vida. El hidrógeno y el oxígeno forman agua. El carbono, el nitrógeno y el fósforo construyen moléculas orgánicas. Estas sustancias no solo existen en nuestro planeta: se han detectado en cometas, nubes interestelares y discos protoplanetarios.
Las misiones impulsadas por instituciones como la NASA y la ESA han confirmado algo que hace apenas treinta años era una hipótesis: los planetas son extremadamente comunes.
El telescopio Kepler transformó nuestra visión del cosmos al demostrar que la mayoría de estrellas poseen sistemas planetarios. No hablamos de unos pocos casos aislados. Hablamos de miles de mundos confirmados y millones estimados.
Y esto cambia completamente la pregunta. Ya no nos preguntamos si existen otros planetas como la Tierra. Sabemos que existen. La cuestión ahora es cuántos de ellos han dado el siguiente paso: el surgimiento de la vida.
Durante gran parte de la historia se pensó que nuestro planeta era una rareza cósmica. Pero hoy sabemos que muchas de sus características se repiten:
- planeta rocoso
- presencia de agua
- órbita estable
- estrella relativamente tranquila
- campo magnético
Lo verdaderamente extraordinario es lo que ocurrió después: la aparición de la vida. Y lo más sorprendente es la rapidez con la que ocurrió. La Tierra se formó hace unos 4.500 millones de años. Los primeros indicios de vida aparecen apenas unos cientos de millones de años después. En términos geológicos, es casi inmediato. Esto sugiere que, cuando las condiciones adecuadas se dan, la vida puede surgir con relativa facilidad.
Si eso es cierto, entonces el universo podría estar lleno de mundos donde la vida microbiana ha aparecido una y otra vez.
El 21 % que cambió la historia de la vida
Aquí entra uno de los factores más fascinantes de todos: nuestra atmósfera. El aire que respiramos contiene aproximadamente un 21 % de oxígeno. Puede parecer un dato trivial, pero es una de las razones por las que existe la vida compleja en la Tierra. Y, al mismo tiempo, es una rareza cósmica. Durante miles de millones de años, la Tierra no tuvo oxígeno libre en su atmósfera. La vida primitiva era anaerobia, es decir, no lo necesitaba. El oxígeno apareció cuando organismos microscópicos comenzaron a realizar fotosíntesis, liberándolo como residuo.
El oxígeno es extremadamente reactivo. Cambió la química del planeta, permitió la formación de la capa de ozono y, sobre todo, hizo posible la respiración aeróbica, un proceso muchísimo más eficiente energéticamente. Esa eficiencia permitió algo crucial: organismos más grandes, más complejos y con cerebros más desarrollados. Sin ese 21 %, probablemente la vida en la Tierra seguiría siendo microbiana.
Y aquí surge una cuestión fundamental en la búsqueda de extraterrestres: encontrar oxígeno en la atmósfera de un planeta lejano podría ser una señal directa de actividad biológica. No es una prueba absoluta, pero sí una de las pistas más sólidas que podemos buscar desde la distancia.
Marte y los ecos de un pasado habitable
El primer lugar donde buscamos vida fuera de la Tierra fue el más cercano: Marte.
Hoy sabemos que Marte no siempre fue el desierto helado que vemos ahora. Tuvo ríos, lagos y probablemente océanos. Poseía una atmósfera más densa y temperaturas más estables. Durante millones de años fue un mundo potencialmente habitable. La pregunta no es si tuvo condiciones para la vida. La pregunta es si la vida llegó a aparecer.
Las misiones actuales buscan señales microscópicas: restos orgánicos, estructuras fósiles, huellas químicas. Un descubrimiento en Marte no implicaría civilizaciones, ni criaturas complejas. Bastaría con bacterias. Pero ese hallazgo sería revolucionario, demostraría que la vida no es exclusiva de la Tierra, sino un proceso natural cuando las condiciones lo permiten.

Otro de los grandes giros en la astrobiología ha sido el descubrimiento de océanos subterráneos en lunas del Sistema Solar. Entre las más prometedoras se encuentran Europa y Encélado.
Bajo sus capas de hielo existen océanos líquidos calentados por fuerzas gravitatorias. En Encélado, incluso, se han detectado géiseres que expulsan agua al espacio con compuestos orgánicos. Esto significa algo extraordinario: podrían existir ecosistemas completamente independientes de la luz solar, alimentados por energía geotérmica. La vida no necesitaría un planeta tipo Tierra, solo agua, energía y química.

Mundos más allá del Sistema Solar
La gran revolución llegó con el descubrimiento de exoplanetas.
Hoy conocemos miles, y muchos de ellos se encuentran en la zona habitable de sus estrellas. Algunos son rocosos, de tamaño similar a la Tierra y con órbitas estables.
Entre los más estudiados están Proxima Centauri b, TRAPPIST-1 e y Kepler-452b.
No sabemos si tienen océanos, atmósferas o continentes. Pero sabemos que existen y que se encuentran en lugares donde el agua líquida podría ser estable.
El siguiente paso de la astronomía es analizar sus atmósferas en busca de biosignaturas: oxígeno, metano y otros compuestos que, combinados, sugieran procesos biológicos.
La paradoja del silencio cósmico
Y entonces surge la pregunta inevitable formulada por Enrico Fermi: si la vida es probable, ¿por qué no vemos civilizaciones por todas partes?
Puede que la respuesta sea evolutiva. La vida simple puede ser común. La vida compleja, rara. Y la inteligencia tecnológica, extremadamente improbable. En la Tierra, la vida tardó miles de millones de años en desarrollar organismos multicelulares. Y solo una especie ha construido tecnología capaz de observar el universo. Quizá ese sea el verdadero cuello de botella…
¿Cómo sería el primer contacto?
La ciencia es prudente: lo más probable es que el primer descubrimiento de vida extraterrestre no sea una nave, ni un mensaje, ni una civilización: será microscópico.
Un fósil bacteriano en Marte. Un organismo en el océano de Europa. O una señal química en la atmósfera de un exoplaneta. El contacto con inteligencia es posible, pero las distancias cósmicas son inmensas. Incluso viajando a la velocidad de la luz, cruzar la galaxia lleva decenas de miles de años. El universo podría estar lleno de vida… pero aislada por el espacio.
Entonces, ¿existen los extraterrestres?
La ciencia aún no puede afirmarlo con certeza. Pero sí puede decir algo importante: todo lo que sabemos sobre el universo apunta a que la vida no es un fenómeno único.
Los ingredientes están por todas partes. Los planetas son abundantes. El agua es común. La química orgánica es universal. Y ese 21 % de oxígeno que hoy respiramos nos recuerda algo esencial: la vida transforma los mundos.

Quizá, en algún lugar de la galaxia, haya un planeta cuya atmósfera esté cambiando ahora mismo por la acción de organismos microscópicos. Quizá, en millones de años, ese mundo tenga bosques, océanos y seres capaces de preguntarse lo mismo que nosotros.
Porque, al final, la gran cuestión no es si existen los extraterrestres. La gran cuestión es si el universo, en su inmensidad, ha repetido el milagro de la vida una sola vez… o millones.
¿Estamos solos? ¿Tú qué crees?…


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