Los vientos estelares de las estrellas gigante rojas

El proyecto ATOMIUM del Observatorio europeo austral (ESO) consiste en la enorme tarea realizar mapas de los vientos estelares que soplan en estrellas gigantes rojas, utilizando para ello la alta resolución del observatorio ALMA en Chile. Con esa alta resolución se quieren detallar imágenes sin precedentes de los vientos estelares y como moldean la materia expulsada en el medio interestelar.

Tras el estudio de varias estrellas rojas se esperaba que estos vientos estelares, que son millones de veces más fuertes que los de nuestra estrellas, fueran de una forma esférica, como las estrellas de las que son expulsados. Pero sin embargo los investigadores no observaron vientos estelares esféricos, sino algo muy diferente y curioso.

Como se ve en la siguiente imagen que muestra los vientos alrededor de una estrella llamada R Aquilae, se descubrió que en todos los casos los vientos estelares no eran esféricos, sino que tenían diferentes formas, parecidas a una preciosa rosa. Los patrones observados en los vientos estelares tienen un parecido bastante sorprendente con los de las nebulosas planetarias. ⠀

Crédito: ALMA (ESO / NAOJ / NRAO), Decin et al. ⠀

El equipo de investigación propuso que un proceso conocido como interacción binaria seria el responsable de la forma de los vientos estelares de las estrellas gigantes rojas. La interacción binaria involucraría dos objetos. La teoría es que los vientos estelares adquieren su forma debido a la influencia de otra estrella o un planeta gigante.

Los vientos estelares son los precursores de las nebulosas planetarias, y la aparente similitud en sus estructuras indica que la física que da forma a los vientos estelares también da forma a las nebulosas planetarias y, por lo tanto, la interacción binaria es el agente clave que esculpe las morfologías de las nebulosas planetarias.

Un ejemplo de nebulosa planetaria podría ser entre otros muchos el siguiente, la nebulosa planetaria NGC 3918. En el centro de la nube de gas están los restos moribundos de una gigante roja que envió al espacio parte de sus capas, quedando en el centro una enana blanca. La intensa radiación ultravioleta de la pequeña estrella remanente hace que el gas circundante brille enormemente. Estas extraordinarias y coloridas nebulosas planetarias se encuentran entre las vistas más espectaculares del cielo nocturno, y a menudo tienen formas extrañas e irregulares, que todavía no tiene una explicación del todo valida que explique las diversas  formas que adquieren en el espacio.

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NGC 3918, imagen adquirida por el telescopio espacial Hubble

La forma de NGC 3918, con un caparazón interior de gas brillante y una capa externa más difusa que se extiende lejos de la nebulosa, parece que podría ser el resultado de dos eyecciones separadas de gas. Se estima que los poderosos chorros de gas que emergen de los extremos de la gran estructura se alejan de la estrella a velocidades de hasta 350,000 kilómetros por hora. Según los estándares de los fenómenos astronómicos, las nebulosas planetarias como NGC 3918 tienen una vida muy corta, con una vida útil de solo unas pocas decenas de miles de años. 




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