Cuando pensamos en grandes montañas, el Everest suele ser la primera que nos viene a la mente. Sin embargo, en el Sistema Solar existe una montaña que hace que el Everest parezca una pequeña colina. Se trata del Monte Olimpo (Olympus Mons), un gigantesco volcán situado en Marte que ostenta el récord de ser la montaña y el volcán más grande conocido.
Con una altura aproximada de 22 kilómetros sobre las llanuras marcianas y una base de unos 600 kilómetros de diámetro, el Monte Olimpo es una de las estructuras geológicas más impresionantes descubiertas por la exploración espacial. Su tamaño es tan extraordinario que ocupa una superficie similar a la distancia entre Madrid y Barcelona en línea recta.

El Monte Olimpo está situado en la región volcánica de Tharsis, cerca del ecuador de Marte. Esta inmensa meseta alberga algunos de los volcanes más grandes del Sistema Solar, como Arsia Mons, Pavonis Mons y Ascraeus Mons, aunque ninguno alcanza las dimensiones del Olimpo.
Desde la órbita, el volcán destaca por su forma casi circular y por los enormes acantilados que rodean gran parte de su base. Sin embargo, un astronauta situado sobre sus laderas apenas tendría la sensación de estar ascendiendo una montaña, ya que sus pendientes son muy suaves.
El Monte Olimpo supera ampliamente a cualquier montaña terrestre. Mientras que el Everest alcanza 8.849 metros sobre el nivel del mar y el Mauna Loa, medido desde el fondo oceánico, ronda los 9 kilómetros de altura, el volcán marciano se eleva hasta unos 22 kilómetros.
Su enorme diámetro también resulta difícil de imaginar. Con unos 600 kilómetros de ancho, podría cubrir varias comunidades autónomas españolas. Debido a su inmenso tamaño, resulta imposible contemplarlo completo desde la superficie marciana.
El Monte Olimpo es un volcán en escudo, un tipo de volcán caracterizado por erupciones de lava muy fluida que se extiende lentamente formando pendientes suaves. Durante cientos de millones de años, sucesivas coladas de lava fueron acumulándose unas sobre otras hasta crear el edificio volcánico más grande del Sistema Solar.
Los científicos estiman que comenzó a formarse hace más de 3.500 millones de años, aunque algunas de sus coladas podrían ser mucho más recientes desde el punto de vista geológico.
Existen tres factores principales que explican sus dimensiones extraordinarias. En primer lugar, la gravedad de Marte es solo el 38 % de la terrestre, permitiendo que las montañas soporten mucho más peso sin derrumbarse.
En segundo lugar, Marte no posee tectónica de placas activa como la Tierra. En nuestro planeta, las placas se desplazan sobre los puntos calientes, formando cadenas de volcanes como las islas Hawái. En Marte, el punto caliente permaneció durante millones de años bajo el mismo lugar, alimentando continuamente al Monte Olimpo.
Por último, las erupciones pudieron mantenerse durante periodos extremadamente largos, acumulando capa tras capa de lava hasta alcanzar dimensiones colosales.

A pesar de su enorme altura, la pendiente media del Monte Olimpo es de apenas cinco grados. En muchos tramos sería posible recorrer decenas de kilómetros sin notar una inclinación pronunciada.
Esto significa que el verdadero reto para una futura expedición no sería la escalada, sino la enorme distancia que habría que recorrer desde la base hasta la cima.
Uno de los rasgos más llamativos del Monte Olimpo son los impresionantes acantilados que rodean gran parte de su perímetro. Estas paredes alcanzan entre 6 y 8 kilómetros de altura y probablemente se formaron por el enorme peso del volcán sobre la corteza marciana, combinado con gigantescos deslizamientos de terreno ocurridos hace millones de años.
En la base pueden observarse enormes depósitos de materiales desprendidos durante estas avalanchas geológicas.
La parte superior del Monte Olimpo está ocupada por una inmensa caldera volcánica formada por varias depresiones superpuestas. Estas estructuras aparecieron cuando diferentes cámaras magmáticas se vaciaron tras sucesivas erupciones, provocando el hundimiento del terreno.
La caldera principal mide cerca de 80 kilómetros de diámetro, una distancia superior a la de muchas ciudades.
No se han detectado erupciones en tiempos recientes, pero el Monte Olimpo podría no estar completamente extinguido. Algunas coladas de lava parecen tener menos de diez millones de años, una edad muy pequeña en términos geológicos para un planeta de 4.500 millones de años.
Aunque actualmente no existen pruebas de actividad, algunos investigadores consideran posible que Marte conserve calor interno suficiente para producir futuras erupciones.
El descubrimiento del Monte Olimpo
Las primeras observaciones detalladas llegaron gracias a la misión Mariner 9 en 1971. Antes de ello, las frecuentes tormentas de polvo impedían estudiar correctamente la superficie marciana.
Posteriormente, misiones como Viking, Mars Global Surveyor, Mars Express, Mars Odyssey y Mars Reconnaissance Orbiter permitieron cartografiar el volcán con enorme precisión, revelando detalles de sus coladas, fracturas y antiguos deslizamientos.
¿Cómo sería subir al Monte Olimpo?
Ascender el Monte Olimpo sería muy diferente a escalar una montaña terrestre. Las suaves pendientes facilitarían el recorrido, pero las condiciones ambientales serían extremadamente hostiles. La presión atmosférica es inferior al 1 % de la terrestre, las temperaturas son muy bajas, la radiación es elevada y el oxígeno prácticamente inexistente.
Una expedición necesitaría vehículos presurizados, trajes espaciales y una infraestructura similar a la prevista para las futuras misiones humanas a Marte.
Aunque no existen evidencias de vida en el Monte Olimpo, algunos científicos creen que antiguas cámaras magmáticas pudieron generar ambientes cálidos donde el agua líquida permaneciera durante largos periodos. En la Tierra, este tipo de entornos alberga abundante vida microbiana, por lo que representan lugares de gran interés para futuras investigaciones.
El Monte Olimpo es la montaña más alta conocida del Sistema Solar. Su altura equivale aproximadamente a dos veces y media la del Everest. Está rodeado por acantilados de hasta ocho kilómetros, posee una gigantesca caldera de unos 80 kilómetros de diámetro y ocupa una superficie similar a la de un pequeño país. Además, es tan grande que un observador situado sobre sus laderas no podría apreciar la montaña completa debido a la curvatura del planeta.
El Monte Olimpo representa uno de los mayores logros de la naturaleza planetaria. Su existencia demuestra hasta dónde puede llegar el volcanismo cuando se combinan una gravedad reducida, millones de años de actividad y la ausencia de tectónica de placas. Cada nueva misión a Marte revela detalles que ayudan a comprender mejor la evolución geológica del planeta rojo y la historia del Sistema Solar.
Quizá dentro de unas décadas, los primeros astronautas que recorran sus laderas puedan estudiar directamente las rocas del volcán más grande jamás conocido. Hasta entonces, el Monte Olimpo seguirá siendo uno de los lugares más fascinantes del universo cercano y un recordatorio de que la naturaleza siempre es capaz de superar nuestra imaginación.


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